Entradas etiquetadas como racionalismo

El valor del superviviente

Descubrí su existencia en una de las muchas correrías infantiles por los terrenos a medio urbanizar del barrio de El Coto de San Nicolás, a la manera en que los niños descubren las cosas: mitad por azar, mitad llevado por el gozo infantil de la aventura. En aquellos años, las soleadas y ventiladas laderas de El Coto, eran una suerte de isla misteriosa en la que todo era posible, un sueño de ciudad jardín que nunca llegó a materializarse del todo. En sus calles, dibujadas a cordel con la precisión y regularidad con la que los cartógrafos trazan sus mapas y planos, cohabitaban sin demasiadas estridencias, hotelitos particulares con jardín, modestas viviendas obreras y otras arquitecturas más rotundas y no menos siniestras como la cárcel municipal y el cuartel de Alfonso XII. La casa misteriosa, como la motejó mi efervescente imaginación infantil, ocupaba un emplazamiento privilegiado en la parte baja de la colina de San Nicolás, frontera a la avenida de Simancas, hoy de Pablo Iglesias. Protegida tras una cortina de frondoso plátanos de sombra, su aspecto insular le confería una extraña belleza, como de casa encantada. El gris perpetuo de sus fachadas, el murete que la separaba de la calle y que ocultaba un presunto jardín prohibido, y sobre todo, su desarraigo respecto del resto de los edificios del contorno, la vestían, en mi imaginación, con un halo de misterio que no hacía sino aumentar mi fascinación por aquella casa.

Andando el tiempo supe que, en realidad, el misterio de esta vivienda unifamiliar radicaba en su trazado, en su concepción arquitectónica, en el modo en el que el edificio mantenía un hermoso diálogo con su propia tectónica, una suerte de juego azaroso entre las fuerzas horizontales y las verticales, entre la potencia de lo telúrico y la levedad de lo aéreo. La desnudez de las formas, la ausencia de decoración escultórica en las fachadas, el ritmo en la composición conseguido a base de maclar los cuerpos, los grandes ventanales corridos, el empleo de barandillas de tubo, eran indicadores de un modo de concebir la arquitectura desde postulados modernos. Bajo este paraguas estético, el del racionalismo o funcionalismo, el reconocido arquitecto Pedro Cabello Maíz, dio forma en 1939 al encargo de Eduardo Dizy para construir la vivienda familiar.

Hoy, esta vivienda unifamiliar es un superviviente de una época de esplendor de la arquitectura moderna de la que quedan pocos ejemplos en Gijón, restos de un naufragio que quiso hacer de los edificios algo más que  alojamientos dignos e igualitarios. Reconforta comprobar que el alimento de los sueños infantiles sigue vivo y que el Catálogo Urbanístico de la ciudad, encargado de velar por la protección del patrimonio edilicio de todos los gijoneses, lo ha tenido en cuenta a la hora de tender sus redes de protección. Hoy más que nunca, el sueño racionalista y funcional que Pedro Cabello hizo realidad para Eduardo Dizy, es una isla, un superviviente que alienta la esperanza del náufrago de un día rescatado.

, ,

1 comentario