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Supra Terram Granaria

Bajo este sugerente pórtico presenta Javier Fernández-Catuxo su contribución al estudio y conocimiento de los hórreos, cabazos y otros graneros emplazados en el límite de Asturias y Galicia. Más de una década recorriendo todos y cada uno de los pueblos de los 24 municipios (19 asturianos y 5 gallegos) que conforman el territorio objeto de estudio, pertrechado con planos, cámara de fotos, cinta métrica, brújula y grandes dosis de entusiasmo y paciencia, han dado para mucho. Para elaborar un método científico propio con el que dar respuesta a los interrogantes que le suscitaban unas construcciones tan arraigadas al modo de vida tradicional campesino y a la propia tierra astur- galaica como los árboles, los ríos o las piedras que alindan los caminos; para elaborar un censo que nos permite conocer cuántos graneros (y de qué tipo) quedan hoy en la zona; en definitiva, para aportar una visión nueva y científica sobre estos referentes simbólicos del paisaje asturiano y gallego, forjada en el conocimiento directo de cada uno de los graneros que pueblan o poblaron el occidente asturiano y las vecinas tierras gallegas.

 Apartándose de los estudios clásicos sobre hórreos y cabazos, centrados en aspectos etnográficos, históricos y arquitectónicos, que intentaban resumir la complejidad de las relaciones de estas construcciones tradicionales con el medio en el que cobraban vida y con su propia funcionalidad, reduciéndolas a meras clasificaciones descriptivas, generalmente basadas en los modos de construcción y en los materiales empleados, Fernández Catuxo opta por ampliar la perspectiva, poniendo en relación la distribución geográfica, el modo de construcción y las funciones para las que están destinados. Desde ese análisis que pone el acento en los aspectos funcionales de estas longevas construcciones que el califica de “muy inteligentes”, el autor clasifica los graneros en dos grandes grupos: los que han sido diseñados y se utilizan para el secado del grano (cabazos), y los destinados al almacenamiento y conservación de los productos agrícolas (hórreos y paneras). Como señala el autor, en la zona de estudio son muy abundantes también los graneros de uso mixto, que presentan partes destinadas al secado y partes para el almacenamiento. 

Para cada uno de los grandes tipos de graneros, Fernández Catuxo, analiza y cuantifica parámetros como las dimensiones, la ubicación, la disposición, los materiales de construcción, la morfología, la relación con el resto de elementos de la explotación, la distribución geográfica, etc. Así, por ejemplo, refiriéndose a los cabazos, describe el método que utiliza para realizar las mediciones de orientación, que le permiten obtener, para cada conjunto de cabazos, una orientación media y un valor que indica la intensidad de esa orientación, que se expresa en porcentajes y que le permiten elaborar gráficos explicativos.

 

 Supra Terram Granaria es un publicación magnífica, resultado es un trabajo científico encomiable, que se acompaña de un repertorio fotográfico que alivia las fatigas de una lectura que requiere mucha atención para no perderse. Un libro muy recomendable para los amantes de la arquitectura tradicional que deseen transitar por nuevas vías para el conocimiento de un patrimonio en peligro inminente de extinción, que sólo se podrá salvar con el aprecio, conocimiento y uso de las generaciones presentes y venideras.

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Guardianes de la aurora

Es bien sabido que los hórreos asturianos son un particular tipo de arquitectura popular concebida con una función específica: en principio, el secado y almacenaje del maíz, aunque también es utilizado para conservar otros productos agropecuarios producidos en las caserías, en las que se integran como un elemento destacado. Los cambios productivos que han afectado al mundo rural asturiano en las últimas décadas han recortado sus funciones primigenias, convirtiendo estos graneros izados del suelo sobre pilares o pegoyos, en un cementerio de recuerdos, en un extraordinario patio de recreo infantil donde todo es posible bajo la luz dorada que se cuela por las rendijas de las colondras. Hoy, encerrados entre viejas paredes de castaño, los trémulos fantasmas familiares juegan con los jamones y chorizos que ya no cuelgan de los gabitos.

Los expertos Joaco López y Armando Graña, señalan que los ejemplares más antiguos del modelo asturiano que se conocen datan del siglo XIV, y que su aparición fue repentina, fruto de un invento, de una maquinación para diseñar un granero de madera desmontable, y por tanto, movible, en el que todas sus piezas se ensamblan con tornos o puntas de madera, sin precisar clavos de hierro. Una arquitectura perfecta, de planta cuadra y con cubierta a cuatro aguas, en el que las fuerzas se equilibran como calculadas por el más docto de los matemáticos. Su aceptación popular y rápida expansión por todo el territorio asturiano son un claro indicador de la bondad de un diseño, atribuible a unos maestros carpinteros muy diestros.

Pero el hórreo es algo más que un granero campesino de diseño eficiente, es en un elemento esencial del paisaje cultural de Asturias, y por tanto, merecedor de protección y salvaguarda. Cuando encontramos un hórreo maltratado, malherido por la desidia o por la inquina de la ignorancia, el sentimiento que produce es similar al de un acto de desamor. Los que alguna vez hemos dormido en su crepitante vientre, frescos en la cálida noche estival, sabemos de su verdadero significado. Un significado que trasciende del valor arquitectónico, económico, histórico o cultural, para adentrase en el terreno de los sentimientos, de los sueños de la infancia puestos al sol en el corredor. Los hórreos son la cárcel del viento que cantó el poeta, guardianes de la aurora, títanes de noble madera que, izados sobre sus firmes pies, desafian al viento y a la lluvia. En verdad, los hórreos son el fecundo venero del que manan todas las historias de la Asturias rural.

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