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Leyland Royal Tiger, el primer autobús municipal de Gijón

Mediado el siglo XX, en Gijón como en otras ciudades, el papel del tranvía como principal modo de transporte urbano comenzó a ser fuertemente cuestionado. Los tranvías, a pesar de que seguían siendo el medio de comunicación en superficie que ofrecía tarifas más baratas para elevadas intensidades de tráfico, era visto como un como una herencia costosa y decadente. A esta mala prensacontribuyó notablemente el incremento de los siniestros, la interrupción frecuente del servicio por falta de suministro eléctrico y, sobre todo, la presión creciente del vehículo privado. Asimismo, la caducidad de las concesiones, la imposibilidad de renovación de la infraestructura por las elevadas inversiones requeridas (y por la escasez de materiales), el incremento de los costes de explotación y el interés de los ayuntamientos por dotar a las ciudades de servicios de transporte públicos más modernos y flexibles, motivaron la desaparición del tranvía en nuestras ciudades.

Los autobuses, al no estar sujetos a las limitaciones que imponían los raíles, ofrecían flexibilidad y seguridad en el servicio, frecuencias de paso altas, mayor velocidad comercial, menores costes de explotación y mantenimiento, y consumían energía, en aquella época, más barata. Del mismo modo, en el ideario colectivo prendió con rapidez la imagen de modernidad y comodidad que transmitían los primeros autobuses, contrapuesta a la de obsolescencia de los tranvías. En este contexto general, el Ayuntamiento de Gijón decidió en 1953 adquirir tres autobuses para suplir las carencias del tranvía y reforzar la oferta de los servicios más demandados.

Los dos primeros autobuses municipales comenzaron a rodar por las calles de la villa en julio de 1953, y fueron destinados a unir la ciudad histórica con los espacios residenciales y de esparcimiento de Somió y con la populosa barriada de Tremañes. A finales de ese año, el municipio adquirió un tercer vehículo para cubrir las demandas de movilidad generadas por el parque de Isabel la Católica, que en aquellos momentos era un punto de referencia en el esparcimiento de la población gijonesa. La escasa demanda de esta línea hizo que pronto adquiriese un carácter de servicio especial, dedicándose el vehículo a reforzar las otras dos líneas existentes.

La escasez de materiales, la limitada producción nacional de vehículos de transporte colectivo y una demanda en alza, obligó a muchos ayuntamientos, entre ellos al de Gijón, a recurrir a la importación de los vehículos. Esto explica que los dos primeros autobuses que circularon por Gijón, fuesen ingleses, de la marca Leyland “Royal Tiger”, aunque carrozados en Bilbao por la casa Seida. Estos elegantes y modernos autobuses, adquiridos al precio de 666.000 pesetas cada uno, tenían una potencia de 130 caballos, con motor central debajo del chasis y cuatro velocidades sincronizadas por absorción de aire. Asimismo, disponían de dos puertas independientes y automáticas, cristales inastillables y confortables asientos. El acceso al autobús se realizaba por la puerta trasera que era abierta por el cobrador y la salida se hacía por la puerta delantera, siendo ésta accionada directamente por el conductor. La capacidad total de cada autobús era de 100 personas, 26 sentadas (aparte del conductor y cobrador) y el resto de pie. La tercera unidad incorporada al parque móvil municipal fue de fabricación nacional, salido de las instalaciones de ENASA en San Fernando de Henares. Se trataba de un Pegaso de la serie Z-401, igual a los que circulaban por la capital de España. Dotado de un motor diesel de 125 caballos de potencia, presentaba la particularidad de tener el volante dispuesto a la derecha y contar con un complejo sistema de cambio de marchas con dos palancas. En 1954 y 1955, el Ayuntamiento incorporó a su pequeña flota dos nuevas unidades de este mismo modelo, la primera de ellas procedente de la Coruña, donde había quedado sobrante, al haber optado en aquella ciudad por los trolebuses como medio de transporte urbano. Al igual que el resto del material municipal, estos vehículos fueron carrozados por Seida en Bilbao. En 1960 la flota de autobuses municipales era ya de 12 vehículos: 2 Leyland y el resto Pegaso de las series Z-401 (3), Z-404 (2) y Z-408 (5).

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