Material de derribo

No era la primera vez que me había cruzado con ellos en el portal, pero hasta esta tarde en que coincidimos en el ascensor, no había reparado en la expresión de felicidad que manaba de sus rostros. Llevan poco tiempo viviendo en el edificio y a tenor de los bultos que transportaban, debían estar comenzando la convivencia. Supongo que la ilusión contenida en un nuevo proyecto de vida era lo que pintaba sus caras con los reconocibles colores del amor. Las manos solícitas, las miradas de complicidad y el fuego encendido de sus ojos, eran señales evidentes de un incendio que ya había calcinado parte de la heredad. Viendo la emoción contenida en aquellas caras que se amaban en silencio mientras el ascensor subía hasta el quinto piso, no pude dejar de sentir envidia y nostalgia del tiempo pasado. DSC_0019

¿De qué materia estará hecho el amor, que con la misma facilidad con la que se inflama y arde de manera incontrolada, se extingue dejando apenas un rastro de ceniza en el suelo?. ¿Recuerdas la ilusión con la que decidimos compartir el camino de la vida?. ¿Recuerdas cuando el amor apenas si se podía contener entre los muros de aquel que fue nuestro primer hogar?. ¿Recuerdas con qué deleite saciábamos nuestra sed de caricias sin importarnos el frío que se colaba como un suspiro entre los marcos de las viejas ventanas?. Ya sé que piensas que entonces éramos jóvenes, que andábamos sobrados de amor, y que el futuro no era más que unas nubes pasajeras que oscurecían el cielo de la mañana, porque lo nuestro era el presente, pero amor, ¿a qué derrota hemos llegado?. Me miro en el espejo y no me reconozco, o mejor dicho, ya no veo a aquel joven al que un día le brillaban los ojos como carbones encendidos. No fuimos beligerantes en el conflicto y la batalla del tiempo terminó por ganarla el tedio y la rutina del día a día, que en su previsible repetición, nos aportó la seguridad que necesitamos para seguir adelante. La sordina de la monotonía se impuso y nos impidió escuchar las palabras del corazón y, poco a poco, éste fue quedándose callado. Es triste reconocerlo pero a media que pasan los años, vamos prefiriendo el confortable calor de la cocina al frío sugerente de la alcoba.

A veces me siento culpable, pienso que con mi egoísmo he contribuido a oscurecer esa luz de domingo que siempre brillaba en tu cara de niña. Otras veces siento que, en realidad, y sin habernos dado cuenta, nuestras vidas han divergido hasta convertirse en caminos paralelos que simplemente llevan la misma dirección; dos extraños que viven bajo un mismo techo que, sin pretenderlo, han cambiado el fuego del amor por el más confortable traje del cariño. Espero que a nuestros jóvenes vecinos, una vez consumido el fuego inicial, la cotidianidad no los convierta como a nosotros en material de derribo, en escombros de un edificio de ilusiones que fue horadado por la acción inclemente del tiempo, la misma que convirtió en polvo del olvido otras sólidas construcciones.

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  1. #1 por h barrero el julio 29, 2013 - 8:03 pm

    Precioso texto.

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