Memoria de una grúa

El paisaje cultural, social y urbano de Asturias no sería el mismo sin la intensa actividad industrial que tuvo lugar en la región desde la segunda mitad del siglo XIX. El paisaje tradicional de Asturias, de clara vocación rural, se vio profundamente alterado por el desarrollo de un conjunto de actividades productivas que sembraron el territorio de  una pléyade de elementos y artefactos que, en realidad, eran la propia encarnación de unas actividades económicas que cambiaron para siempre el modo de vida en Asturias. Fábricas, cuarteles obreros, ferrocarriles que comunicaban los pozos mineros con los puertos y con las plantas siderúrgicas, chimeneas humeantes, modernistas castilletes mineros, pesadas grúas de vapor, pasaron a ser elementos definitorios de un paisaje en transformación, en emblemas de un nuevo mundo que cobraba vida, el urbano-industrial, en contraposición con otro mundo  que agonizaba, el rural tradicional, fagocitado por el primero.Cristasa 2001 (J Granda)

Como las galernas cantábricas que cíclicamente envían su devastadora infantería  para poner cerco a las localidades del litoral asturiano, las sucesivas crisis económicas que se abatieron sobre la doliente Asturias desde la década de 1970, socavaron los cimientos económicos de la región (basados principalmente en la siderurgia, el carbón y la construcción naval), produciéndose no pocas bajas en la larga nómina de instalaciones industriales consideradas históricas (en Gijón, por citar algunas, la Fabrica del Gas, la fábrica de loza La Asturiana, Gijón Fabril, la siderurgia Moreda y Gijón…). La falta de consideración social ante la importancia de los valores históricos, culturales y sociales que poseían estos elementos del patrimonio industrial y la presión de los nuevos usos del suelo, hicieron que una parte importante del legado industrial histórico de Asturias se perdiese para siempre ante la indiferencia generalizada de la población. Sólo unas pocas cabezas pensantes supieron entender el valor de lo que fenecía, y se esforzaron, en una labor ímproba y encomiable, en concienciar a los políticos y a la sociedad en general, acerca de la conveniencia, de obligación moral y social, de proteger los bienes (muebles e inmuebles) ligados al pasado industrial. El trabajo de los adalides de la denominada arqueología Industrial ha ido dando sus frutos, y el patrimonio histórico industrial está hoy amparado por la Ley de Patrimonio Cultural de Asturias, si bien es cierto,  que este paraguas protector no impide que ciertos bienes bajo su cobijo presenten un estado ruinoso por falta de atención.

Gúas I Espigón (APG)Al igual que el barco que surca las aguas va dejando una estela de espuma, cada uno de los elementos que componen el patrimonio industrial de Asturias tiene detrás de si un rastro, una biografía escrita entre las brumas fabriles, que da cuenta de su existencia. Este es el caso de la grúa pórtico de 3 Tm. de fuerza y 20 metros de alcance que, como un enhiesto guardián, flanquea el acceso a los muelles de La Osa, en el puerto de Gijón. La historia de esta grúa, salida en 1956 de los talleres madrileños de Boetticher y Navarro, es una coda a la historia misma del puerto de Gijón, un organismo de proporciones ciclópeas que fue agregando nuevos miembros de hormigón y cemento a  su cuerpo a medida que crecían sus anhelos de proyectarse al futuro. La respuesta lógica a los cambios en la tipología del tráfico portuario y de la flota encargada del mismo, pasaba inevitablemente por mejorar la infraestructura de abrigo (ampliando la superficie de atraque y el calado de los muelles) y renovar los dispositivos de carga y descarga para adecuarlos a los requerimientos de los nuevos tráficos.

Así, mediada la década de 1950, el incremento del tráfico de mercancía general (en un puerto en el que la actividad principal seguía centraba en la exportación de carbón) llevó al entonces director de la Junta de Obras del Puerto, Saturnino Villaverde,Grúa 3 Tm Boetticher y Navarro (J. Granda) a adquirir 8 unidades del modelo de grúa pórtico 3 Tm. de Boetticher y Navarro para facilitar las operaciones de carga y descarga en los muelles de Ribera y en el I y II espigón. Esbeltas e incansables, las motejadas popularmente por los trabajadores portuarios como “gavioteras” por acoger en su parte más alta a decenas de estos alados animales integrantes por derecho propio del paisaje portuario, prestaron un servicio inestimable para el desenvolvimiento comercial del Puerto.

La fiel “Madrileña”, estuvo en activo a pie de muelle 36 años, hasta que en 1992 se decidió su retirada del servicio. Con buen criterio, la Autoridad Portuaria decidió conservarla y restaurarla e integrarla como un elemento destacado del patrimonio industrial portuario.

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  1. #1 por mobile apps development com el julio 19, 2013 - 9:30 am

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