La irrefrenable pulsión de lo desconocido.

A pesar de mi condición de geógrafo, nunca he sido un gran viajero, ni mucho menos una persona que guste de perderse por los caminos del mundo movido por un incontenible ansia de aventura. Quizás por ello, mis viajes siempre han estado muy mediatizados por los libros, o para ser más preciso, muchos de mis viajes han sido más literarios que reales, hasta el punto que podría afirmar que soy algo así como el perfecto viajero sedentario. Subido a lomos de los libros he recorrido territorios ignotos e inhóspitos sólo al alcance de unos pocos afortunados, he  ascendido cumbres cuya belleza hacía enmudecer, he perdido el sentido del tiempo entre las ruinas de antiguas civilizaciones, he disfrutado callejeando por viejas y nuevas ciudades, acaso más reales que las que físicamente me aguardan. La literatura de viajes es una puerta abierta a la imaginación, un tobogán por el que la ilusión se desliza movida por la avidez de conocer y comprender lo que nos rodea. Una invitación a la aventura para todos aquellos melindrosos que, como yo, no tenemos arrestos suficientes para recoger los pertrechos y echarnos a la calle. Esto mismo, hacer las maletas y poner rumbo a lo desconocido, fue lo que hizo Miguel Gutiérrez Garitano, un joven periodista e historiador vitoriano que partió para Guinea Ecuatorial siguiendo los pasos del afamado explorador vitoriano Manuel de Iradier, a quien unía, no sólo el solar de procedencia, sino una fascinación irrefrenable por la aventura y por África. Fruto de su experiencia ecuatorial es el libro La aventura del Muni, un relato fascinante de unos territorios poco conocidos y olvidados, que durante varias décadas estuvieron bajo soberanía española, gracias entre otros, al citado explorador Manuel Iradier. La calidad del libro le valió el premio de Literatura de Viajes Camino del Cid 2011.

Como señala en las páginas que sirven de prefacio a la publicación otro gran viajero que sabe como nadie llevar al papel las peripecias de sus viajes, el escritor Javier Reverte, el libro de Miguel Gutiérrez Garitano se estructura en tres planos que se van imbricando a medida que se desarrolla la trama, las vivencias personales del autor que realiza un viaje iniciático y de conocimiento “viajar es empaparse con la savia de las naciones, llegar a sus rincones más recónditos”, la historia y la etnografía del país, y la epopeya de Iradier, quien, a finales del siglo XIX, consiguió que los territorios de la actual Guinea Ecuatorial pasasen a formar parte de la única colonia española en el África tropical. Sin pretender ser un libro geográfico, las páginas de La aventura del Muni destilan buena literatura geográfica. Las descripciones de los paisajes selváticos, de los poblados indígenas, de las ciudades, de las gentes que habitan el país, son sumamente interesantes, propias de un observador atento y que conoce las claves que le ayudan a entender que lo ve y describe. Hablando de los edificios de Malabo, la malsana capital del país, “la vieja dama mulata”, apunta el autor: los edificios, construidos en madera al viejo estilo colonial, con sus dos alturas y sus tejados de chapa dispuestos a dos aguas, reclaman en sus paredes descamadas y polvorientas la realidad de una pasada belleza. Cabo San Juan, al noroeste del estuario del río Muni, la describe  como una suerte de cementerio espectral sobre el que brotan, como hongos selváticos, un puñado de cabañas dispersas.

El libro resulta también de especial interés para el lector por la ingente cantidad de información y documentación complementaria (en forma de notas aclaratorias a pie de página) que aporta, tanto de la etapa histórica como de la actual, lo cual es especialmente interesante, pues como señala Javier Reverte, cubre un vacío importante, por la escasez de textos históricos sobre Guinea. Pero además, la lectura de las más de 460 páginas del libro resulta muy amena. Por momentos parece que el lector tiene en sus manos una reedición de la gran novela de aventuras del África Negra, ya que por sus páginas desfilan exploradores, grandes cazadores (blancos y negros), piratas, negreros, feroces indígenas, pero las peripecias que relata el autor (los problemas con la corrupta policía, el peso de las creencias ancestrales en la vida cotidiana, las pésimas condiciones de vida de buena parte de los habitantes del país) son tan reales como el régimen dictatorial que con mano de hierro dirige el destino de los guineanos.

Como todo buen libro, la lectura de La aventura del Muni, anima al lector a tomar partido, a sentirse partícipe de la aventura, a asociar lo leído con otras lecturas, con otras vivencias. En mi caso, al adentrarme en el texto no podía dejar de recordar las historias que había oído hace años a un puñado de españoles que vivieron la experiencia guineana en la década de 1960, antes de la independencia del país. Su papel de colonos blancos en un mundo de negros (por más que se tratase de simple campesinos de una aldea perdida del suroccidente de Asturias), la difícil aclimatación al trópico, la quinina diaria, el trabajo en la plantación de cacao o en la factoría maderera, las ilusiones desvanecidas por el apresurado regreso a la patria.

Dicen que todo viaje empieza en los libros, quizás sea éste un buen punto de partida.

La Aventura del Muni, de Miguel Gutiérrez Garitano fue editado en 2011 por IKUSAGER EDICIONES.

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