Recordando la Historia: el viejo Hospital de la Caridad de Gijón

En Gijón, hay espacios que se llenan con edificios por aquello del horror al vacío, y hay espacios que, en su fría desnudez, guardan la ausencia de un inquilino anterior. Este es el caso de El Náutico, solar privilegiado dónde los haya en su condición de palco preferente en el teatro de la bahía gijonesa. A comienzos del siglo XIX sobre este espacio, en la denominada calle Nueva del Arenal, levantó su residencia el industrial Juan Nepomuceno Cabrales (parece que en su partida de nacimiento pone Cabranes), un enorme caserón de trazas isabelinas (al que posteriormente se adosaron otras edificaciones con destino a vivienda) con una amplia huerta-jardín, que junto con otras propiedades, donó al Hospital de la Caridad al finalizar sus días en 1836.

En este punto, la privilegiada heredad del “padre de los pobres” pasó a formar parte de la historia de una de las instituciones más venerables de Gijón, el Hospital de la Caridad, hoy conocido como Hospital de Jove, en atención a la última de las varias ubicaciones que este centro asistencial tuvo desde su creación en 1804. Los orígenes y los avatares principales del viejo Hospital de la Caridad son conocidos gracias a la obra del historiador Estanislao Rendueles Llanos, que, en su condición de secretario de la institución, redactó una memoria acerca de su historia que fue impresa en Gijón en la litografía de los señores Crespo y Cruz, en 1865.

Comienza la narración con la fundación del Hospital, cuando el cura párroco de San Pedro, Nicolás Ramón de Sama, se propuso solicitar la caridad pública para hacer frente a las enfermedades que hacían estragos en la villa entre las gentes más humildes. La favorable acogida y de los recursos que logró reunir, animaron al párroco a formar una Junta o hermandad de Caridad, que se constituyó como una asociación de beneficencia domiciliaria y de socorros a los pobres. A partir de este punto se describen los sucesos que marcaron el devenir de la institución, y que, en buena medida, estuvieron ligados a la propia historia de la ciudad. La adquisición  en 1807 de una casa donde recoger y atender a los enfermos, sita en la calle de Los Moros; el suspenso de la Hermandad por los sucesos de 1808; el restablecimiento de la misma en 1817 y su instalación en el hospital municipal de La Merced por la ruina del establecimiento propio, etc.

A partir del año 1837, coincidiendo con el legado de Juan Nepomuceno Cabrales (en gratitud el Hospital ofreció una misa por su eterno descanso todos los días de precepto), principia el relato de lo que el autor denomina la segunda parte de la Memoria, que se cierra en el año 1863, dando cuenta de la situación de la institución. En este periodo destaca la instalación del Hospital en el caserón donado por el señor Cabrales, la construcción de la capilla de Ntra. Sra. de la Consolación para dar “pasto espiritual” a los enfermos (en ella domicilió su residencia el gremio de zapateros), o los efectos de las leyes desamortizadoras que obligaron a enajenar los bienes del Hospital. En general, la publicación rebosa de datos y curiosidades relevantes para los interesados en la historia del Gijón decimonónico.

La vida del Hospital de la Caridad continuó en su asiento frente al mar hasta la campaña de derribos promovidos por la Gestora Municipal del Frente Popular (octubre de 1936 y comienzos de 1937), que se llevó por delante toda la manzana que ocupaba el Hospital, (incluida una escuela municipal y las dependencias del antiguo cuartel de la calle Jovellanos). Como es sabido, tras unos años en el convento de Las Adoratrices en el Bibio, el centro asistencial se trasladó a la finca Moriyón en Jove, donde se levantó un complejo sanitario de nueva planta. Por su parte, el solar del muro que había sido adquirido por el municipio, estuvo en barbecho hasta que a mediados de los cuarenta se procedió a su ordenación, proyectando una zona ajardinada que incluía un establecimiento hostelero pensado para atender las necesidades de los usuarios de San Lorenzo, y que terminaría por bautizar el lugar: El Náutico.

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  1. #1 por Sergio el marzo 16, 2012 - 10:57 am

    El apellido de don Juan parece que nadie lo sabe a tiro fijo. Según la publicación de Luis Miguel Piñera “Las Calles de Gijón”, el apellido correcto es Cabranes según su partida de nacimiento y la de su defunción, pero luego hay muchas otras fuentes en las que le llaman Cabrales. A ver quién consigue desempatar…

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