Guardianes de la aurora

Es bien sabido que los hórreos asturianos son un particular tipo de arquitectura popular concebida con una función específica: en principio, el secado y almacenaje del maíz, aunque también es utilizado para conservar otros productos agropecuarios producidos en las caserías, en las que se integran como un elemento destacado. Los cambios productivos que han afectado al mundo rural asturiano en las últimas décadas han recortado sus funciones primigenias, convirtiendo estos graneros izados del suelo sobre pilares o pegoyos, en un cementerio de recuerdos, en un extraordinario patio de recreo infantil donde todo es posible bajo la luz dorada que se cuela por las rendijas de las colondras. Hoy, encerrados entre viejas paredes de castaño, los trémulos fantasmas familiares juegan con los jamones y chorizos que ya no cuelgan de los gabitos.

Los expertos Joaco López y Armando Graña, señalan que los ejemplares más antiguos del modelo asturiano que se conocen datan del siglo XIV, y que su aparición fue repentina, fruto de un invento, de una maquinación para diseñar un granero de madera desmontable, y por tanto, movible, en el que todas sus piezas se ensamblan con tornos o puntas de madera, sin precisar clavos de hierro. Una arquitectura perfecta, de planta cuadra y con cubierta a cuatro aguas, en el que las fuerzas se equilibran como calculadas por el más docto de los matemáticos. Su aceptación popular y rápida expansión por todo el territorio asturiano son un claro indicador de la bondad de un diseño, atribuible a unos maestros carpinteros muy diestros.

Pero el hórreo es algo más que un granero campesino de diseño eficiente, es en un elemento esencial del paisaje cultural de Asturias, y por tanto, merecedor de protección y salvaguarda. Cuando encontramos un hórreo maltratado, malherido por la desidia o por la inquina de la ignorancia, el sentimiento que produce es similar al de un acto de desamor. Los que alguna vez hemos dormido en su crepitante vientre, frescos en la cálida noche estival, sabemos de su verdadero significado. Un significado que trasciende del valor arquitectónico, económico, histórico o cultural, para adentrase en el terreno de los sentimientos, de los sueños de la infancia puestos al sol en el corredor. Los hórreos son la cárcel del viento que cantó el poeta, guardianes de la aurora, títanes de noble madera que, izados sobre sus firmes pies, desafian al viento y a la lluvia. En verdad, los hórreos son el fecundo venero del que manan todas las historias de la Asturias rural.

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  1. #1 por Belén Menéndez Solar el marzo 20, 2012 - 9:57 am

    Felicidades, Javier, por este magnífico blog. Ya tienes otra incondicional seguidora. Un abrazo. Belén

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